Hoy no se puede evitar de hablar de Google Wave, porque si es verdad que Google considerado como empresa que “ofrece” su producto-estrella (el buscador, del que justo ayer yo hablaba no muy bien en mi anterior post), es cierto que Gmail se ha convertido en toda una nueva estrella en los últimos 4 años (¿qué haría yo sin Gmail? Hablo muy en serio, que me quiten Facebook, LinkedIn, delicious, SlideShare, Twitter, ¡pero Gmail no!).
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Es cierto que después de más de 12 años de utilizo intenso del correo electrónico (abrí mi primera cuenta Hotmail en 1997, si no me equivoco) y ninguna sorpresa (el e-mail era lo que era) en 2004 llegó Gmail y ¡PAM! todo cambió… Confieso que al principio me parecía no muy “usable” pero en cuanto el “efecto Google” se apoderó de mi empecé a ver la comunicación en la Web “en formato Gmail” (hasta que no llegó Facebook, más o menos).
Y la verdad es que desde entonces poco ha cambiado. Es decir, todo ha cambiado alrededor del correo electrónico. Cada día se usa menos, cada día más postamos en WordPress/Blogger/etc, cada día enviamos más tweets, cada día dejamos huellas en los muros de Facebook, etc. Es decir, la comunicación interpersonal y uno-a-muchos se ha multiplicado en distintos medios de comunicación, cada uno con sus características y funcionalidades. Y, de alguna forma, Google ha ido perdiendo el control “de la conversación”.
“Hay que hacer algo”, seguro que alguien dijo esto en Mountain View. Y TA-TAD, aquí tenemos la novedad. Estoy esperando poder probar yo también a comunicar utilizando las “olas”. Es cierto que la idea de integrar todos los flujos de comunicación y colaboración en una única herramienta a lo mejor contesta a la consideración de arriba, pero es cierto que sin aquel Google Touch que hace que todo lo complicado se convierta en sencillo, este planteamiento puede ser sencillamente suicida. Y las primeras impresiones de los que los han estado utilizando son exactamente de este tipo: ¡es sencillo! Increíble, otro milagro de Mountain View.
Esperaremos poderlo utilizar para expresar una opinión al respecto. Seguro que nos sorprenderá.
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Muy interesante el artículo de Dion Hinchcliffe, que comenta las 14 razones que hacen que un proyecto de “enterprise 2.0″ suele fallar. Una lectura muy interesante y recomendable para todos los que estamos involucrados en proyectos de este tipo.

Merece la pena imprimirlo (suena muy “antiguo”, pero a veces resulta todavía útil) e imprimirlo al lado de nuestra mesa de trabajo.
Disclaimer. El título de esta entrada es, pensaba yo, claramente irónico.
Pero vista la cantidad de comentarios en LinkedIn que he recibido al respecto, por si en serio estoy convencido de que “Google fracase”, quiero añadir que no, no pienso eso.
Más bien uso la palabra Google como metáfora de los sistemas de búsquedas que se han usado hasta hoy en día, frente a los que se usarán cada vez más a partir de ahora, y Google con su Google Search es una de las empresas más activas en este sentido. Justo por aclarar, antes de que empecéis la lectura de esta entrada.
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Chances are that…. Esta expresión anglosajona siempre me ha gustado mucho, porque suele pronunciarse con un tono muy seguro (muy “self-confident”, como se diría al “otro lado del charco”). Y el tema que vamos a analizar ahora realmente necesita una introducción de este tipo. Porque, es decir, uno tiene que sentirse muy “self-confident” para abordar temas tan complicados…
Uno de los elementos centrales de la Web es la posibilidad de buscar (y encontrar) la información que uno necesita en un momento dado. Por eso en la Web 2.0 tanto se habla de la folksonomía vs. la taxonomía, porque las dos permiten encontrar la información de una manera diferente. La taxonomía, tan típica de la Web 1.0 como de las bibliotecas tradicionales hechas con piedras y paredes, se puede resumir así:

El elemento más importante en una taxonomía es que viene pre-determinada. ¿Por parte de quién? Bueno, por parte de los que mandan.
Por parte de los que deciden. Puede ser la “comunidad científica” o los administradores de una biblioteca, según el caso.
La folksonomía en cambio puede representarse de esta manera:

(Fuente: http://farm1.static.flickr.com/50/144288934_c38aca5718.jpg)
El aspecto más importante en este caso es que la organización no viene pre-determinada. Son los que usan la información que al mismo tiempo deciden como organizarla.
Bueno, hasta aquí nada nuevo. Lo que si me interesa analizar en este post, gracias a un interesante artículo del NY Times Technology (que ahora no consigo volver a encontrar y esto es muy irónico escribiendo este tipo de post…
), es el efecto que el utilizo cada vez más frecuente de organizaciones de contenido “folksonómicos” aporta a la facilidad de encontrar lo que uno está buscando.
Es un punto importante, porque todos los conceptos de búsqueda de Google, para decir un nombre bastante conocido… se basan en criterios muy “taxonómicos” y poco “folksonómicos”. De hecho, el PageRank es un sistema de algoritmos que poco tiene que ver con procesos sociales:

Es cierto que al final y al cabo son las personas que usan los contenidos de la Web los que determinan el funcionamiento del PageRank, pero al mismo tiempo es también cierto que el PageRank se fija en una componente que en la Web 1.0 era el CENTRO de todo: los enlaces y la importancias de los mismos. Es decir, mi página es importante (relevant) si muchas otras páginas enlazan a la mía. Y las que enlazan a la mía son importantes, mejor aún: la mía, reconocerá Google, es aún más importante.
Esta es por supuesto una descripción muy simplificada de como funciona PageRank, pero un curso de SEO o esta página de Google pueden aportar más informaciones para los que quieran profundizar su funcionamiento.
Ahora bien, este tipo de sistema puede empezar a fallar, de alguna forma. ¿Por que? Porque en la Web 2.0 cada vez más informaciones los usuarios la “comparten” directamente dentro de las redes sociales a las que pertenecen. De hecho, cada día menos personas tenemos un blog y utilizamos las herramientas de comunicación y expresión que las plataformas sociales nos ofrecen.
Es decir… Todo este intercambio no se queda registrado en ninguna parte. Bueno, sí, se queda registrado en los logs de Facebook, de LinkedIn, etc. Esto es un punto importante. Si el PageRank no entra a analizar el funcionamiento de las redes sociales y el intercambio de información (no entra, de momento no entra) y cada día más usamos este tipo de herramienta para intercambiar datos y así decidir lo que es importante (relevant) para nosotros, ¿qué será del PageRank y de los motores de búsqueda?
Es un tema en el que hay que pensar. También porque al mismo tiempo una nueva generación de start-up cuyo business se focaliza en el “compartir información” más que en “publicar información” (que es donde el PageRank funciona mejor)… El mercado de la búsqueda puede cambiar de forma rápida y inesperada.
Por ejemplo, se puede analizar el gran éxito de ShareThis. El botón de condivisión de la información de esta empresa se ha convertido en una necesidad primaria para todos los blogs, wiki, etc. (Bueno, dentro de poco tendré aquí algo parecido)

¿Google sobrevivirá a este cambio?
Un debate que siempre ha acompañado la historia de la Web – y sobre todo de la Web 2.0 – es porque pagar para acceder a los contenidos, si cada vez más hay contenidos “ahí fuera” disponibles gratis y cada vez de calidad más alta. Es un tema que otra vez Tony Karrer vuelve a analizar en su blog, comentando otro post – en este caso de Harold Jarche – llamado If learning was free.

Si el aprendizaje fuera gratis… Es un tema mucho más complicado de lo que aparece a primera vista. Porque despierta sentimientos “democráticos” muy enraizados en nuestras sociedades (¿porque deberíamos pagar para aprender, no es esto un derecho adquirido por ser buenos ciudadanos?) y también problemas empresariales no indiferentes (¿cómo puede sobrevivir una editorial si su contenido se regala en la Web?). Y, no menos importante, la calidad de estos contenidos: hace años que Andrew Keen se ocupa desde tema, con su perspectiva ácida y a veces poco objetiva, pero eficaz en hacernos analizar este aspecto central en la Red: ¿quitando todo el contenido basura que se publica a diario, queda algo interesante?
Lo que Tony Karrer plantea es la importancia de la coexistencia tanto del aprendizaje on-line “de pago” como del “free”, porque se encargan de proporcionar distintos servicios y tienen distintas funcionalidades.
Por ejemplo, como parte de un sistema formativo corporativo, es importante disponer de contenidos de pago realizados por parte de un publisher que cuenta con subject matter experts, pero ¿por que renunciar al enriquecimiento que puede proporcionar incluir también los blogs de los principales expertos que en la red opinan sobre ese tema? ¿O un wiki creado por un grupo de apasionados que recopila toda la información disponible en la Red?
A veces las empresas no confían mucho en este contenido “abierto” (porque, estoy de acuerdo con Keen, muchas veces se encuentra pura basura) pero si se selecciona y analiza previamente (por eso estamos los consultores) puede aportar un “plus” importante. Porque, entre otras cosas, es contenido “vivo”, que millones de personas siguen actualizando a diario.
Es un debate complicado, pero que merece la pena ser analizado.